Asociación de amigos de Ana de San Bartolomé width=

Ana María Martínez Fernández

Madrid, 17 de septiembre del 2009                                                                  

Queridos socios,

Con hondo pesar os comunicamos la muerte de nuestra socia y querida amiga Ana María Martínez Fernández.

Como muchos sabéis, ella se asoció en los inicios de nuestra andadura por su vínculo profesional, ya que, como Directora de Enfermería del Hospital 12 de Octubre de Madrid, quería apoyar activamente la difusión de la vida y la obra de quien fue enfermera de Santa Teresa.

Poco tiempo después le diagnosticaron un cáncer muy agresivo, con una escasa esperanza de vida. Fue entonces cuando se acrecentó su unión espiritual con la Beata,  encomendándose a ella y pidiendo a sus familiares y amigos, devotos de otros santos, unirse a su invocación.
La enfermedad siguió su curso al tiempo que, increíblemente, Ana mantenía su trepidante ritmo de vida: su larga jornada de trabajo en el hospital, el cuidado de su familia, su dedicación al coro, su presencia y participación activa en cuantos actos programaba la Asociación, etc.
En los últimos años fue sometida a varias intervenciones quirúrgicas y a numerosos tratamientos con los que se intentaba parar el avance del tumor. Desde su despacho se trasladaba a la sala de tratamientos, donde recibía periódicamente sesiones de quimioterapia: acudía serena, tranquila, como si fuese de visita, con su ordenador portatil. Allí, sentada horas y horas, mientras recibía el tratamiento, continuaba con su trabajo, despachando con unos y con otros diversos asuntos, para que su enfermedad no repercutiese en la buena marcha del hospital. Su valentía y entereza impactaban a cuantos la veían en tal circunstancia.

La enfermedad, a pesar de los numerosos tratamientos a que era sometida, siguió avanzando, pero Ana no se desalentaba. Ella decía que sentía a la Beata a su lado dándole serenidad y fuerza y, ciertamente, nadie se explicaba, con tan mal pronóstico, su buen estado de ánimo y ritmo de vida.

Como “amiga de Ana de San Bartolomé” participó muy activamente en todos los actos programados por la Asociación, faltando, en contadas ocasiones, a alguna convocatoria. A veces, como al acto de consagración de la capilla de Ana de San Bartolomé en Ávila el octubre pasado, acudía en pleno tratamiento de quimioterapia, venciendo con su fé y fortaleza inquebrantables los duros efectos secundarios al tratamiento y el inmenso cansancio. En tales ocasiones limitaba su estancia  a participar en el acto central y regresaba a casa. Recordamos especialmente su participación, la Navidad pasada, en la subasta de arte que tuvo lugar para sacar fondos: llegó directamente desde el hospital después de una dura jornada de trabajo y, además, había recibido, poco antes, tratamiento durante varias horas. Estuvo, como siempre, risueña y participativa, disimulando con su sonrisa y buen ánimo el cansancio que acusaba su cuerpo. Y, como siempre que se trataba de recolectar fondos, contribuyó adquiriendo una de las obras subastadas.

Desde hacía tiempo tenía en su casa la capilla de la Beata que la Asociación pone a  disposición de los socios que la reclaman. Era parte de su entorno habitual. A ella dirigía sus súplicas y su agradecimiento. Muchos retenemos en la memoria su imagen, siempre cariñosa y alegre, portando la capilla para colocarla en los actos que se celebraban en su honor.

Durante el duro peregrinar interior de su enfermedad, los numerosos Carmelos que conocían su situación (especialmente Amberes, Medina del Campo, Sevilla y Valladolid) se unieron a nuestras oraciones para pedir a Ana de San Bartolomé que realizase en su tocaya el anhelado milagro que permitiría culminar su proceso de canonización. Ella siempre sonreía ante tales peticiones y decía que estaba conforme con lo que tuviera que pasar. Esa aceptación ejemplar la atribuía a la intercesión de la Beata, de quien llevaba siempre colgada una medalla con la imagen que se venera en Caravaca de la Cruz.

En junio del pasado año, cuando estaba sometida a un nuevo tratamiento -pues los anteriores habían sido ineficaces-, quiso viajar a Amberes para, por si no podía hacerlo en el futuro, postrarse ante el sepulcro de la Beata y darle las gracias. Viajamos con ella y fue conmovedor el encuentro con la priora, la sucesora actual de su querida Beata, así como los muchos e inolvidables momentos vividos al amparo del Carmelo fundado por Ana de San Bartolomé. Su testimonio de cariño y gratitud permanecerá vivo entre sus muros.

En los últimos meses, cuando ya se divisaba que el tumor finalmente vencería la valerosa batalla, con gran serenidad decía a las madres carmelitas y sus amigos más cercanos que, aunque muriese, nunca dudásemos que la Beata había hecho un milagro con ella. Por encima de todo abatimiento sobresalía su inquebrantable unión y lealtad a la Beata, a quien no dudaba en responsabilizar de su estado de ánimo, de la ausencia de desesperanza ante tan dramática situación y de la prórroga de vida que estaba disfrutando.

El tramo final de su existencia lo recorrió con la misma serenidad y el mismo coraje con que se había enfrentado años antes al duro diagnóstico, a la cruda realidad que acotaba vertiginosamente su margen de vida. Quiso morir en su casa, despedirse de este mundo rodeada de sus seres queridos. Desde un lugar preferente de su dormitorio la imagen de Ana de San Bartolomé fue testigo de su agonía y de su muerte. A ella miraba en sus ratos de consciencia, alertando cuando se había apagado la vela que siempre ardía ante su capilla, y a ella dirigió algunas de sus últimas palabras.

Los días finales, con un entrañable y fraterno testimonio de amor y serenidad,  tuvo el valor y la entereza de despedirse de sus seres más queridos llegados de diversos lugares: Sevilla, Menorca, Estados Unidos. Parecía que su aliento retaba al reloj para superar las horas y la distancia hasta tenerlos a su vera.

El sábado 5 de septiembre el padre Llamas, rodeado por toda su familia, le dio la extremaunción, y el lunes 7, vencido su cuerpo por la enfermedad pero trasmitiendo una inmensa paz, murió a las 13, 15h. Ojalá que la Beata, a quien tanto quiso y en quien tanto confió, y los seres queridos que la han precedido, la viniesen gozosos a buscar para conducirla a la otra orilla de la vida.

El día 8, festividad de la Natividad de María, el padre Llamas celebró la misa de exequias dándole un carácter de gloria y resaltando que Ana renacía a otra vida el mismo día que se celebraba el nacimiento de la Virgen. Para la celebración de la misa dos socias viajaron a Ávila para recoger el cáliz que Ana había donado para la consagración de la primera capilla del mundo dedicada a su querida Beata y la casulla azul donada por otra socia que, por ser festividad mariana, podía utilizar el padre Llamas en la celebración. Sonnia cerró la ceremonia de despedida entonando, emocionada, el poema favorito de Ana: Dos palomas vuelan hoy, singularizándolo en una paloma.
Las madres carmelitas y de otras ordenes religiosas (Hermanas de la Cruz, Agustinas canonesas, misioneras de la Caridad…) que han seguido puntualmente el arduo camino de su enfermedad, la acompañaron con sus oraciones en el tramo final y en su muerte teniendo presente su ejemplo de fortaleza y su fé para agradecer a la Beata el milagro personal que ella le atribuía, aunque no fuese el humanamente deseado.

Finalmente os comunicamos que se aplicará por ella la misa prevista el sábado 3 de octubre en el Carmelo de Alba de Tormes, lugar donde murió Santa Teresa en brazos de la Beata Ana de San Bartolomé. Curiosamente Ana llevaba como pantalla de su móvil el cuadro en el que Isabel Guerra plasmó esa escena.

Con el deseo de que la encomendéis en vuestras oraciones y podáis acompañarnos en un día tan especial, os enviamos nuestro cariño,

Belén Yuste y Sonnia L. Rivas-Caballero

Morir es volver a casa.
La muerte no es otra cosa que la continuación de la vida,
 el cumplimiento de la vida, la cesión del cuerpo humano.
Pero el alma vive para siempre.

Beata Teresa de Calcuta

Testimonio de las Madres Carmelitas de Medina del Campo

Conocimos a Ana, por lo que nos habían hablado al pedir oraciones para ella, Belén y Sonnia. Pero cuando nos ha visitado, quedamos impactadas de su entereza o virtud y de su profunda fe, amor y admiración y no sólo a la Beata, que eso…si no al Carmelo. ¡Gracias Ana! Ha sido un gozo y una gracia de Dios para nosotras conocerte. Esperamos tu intercesión.

Testimonio de una socia

Ana fue una verdadera amiga de sus amigos. En su corazón estábamos todos y aunque nos viéramos muy poco, la mutua amistad había calado profundamente.

Al encontrarte con ella, al instante te sentías acogida con inmenso cariño, espontaneidad y sinceridad. Sabía repartir bondad, paz y alegría en su entorno. Se entregaba a los demás con generosidad y ponía ilusión en todo lo que decía y hacía.

Dicen que “los amigos los elijes tú”; yo no estoy tan de acuerdo con esa teoría.
Creo que el don de la amistad viene de arriba. Dios, a loa largo de tu vida va poniendo en tu camino personas que quiere que tú las quieras y así, providencialmente se van creando vínculos de sincera y profunda amistad.

Las amistades del alma, que Él te ha presentado, son como su Amor, Eternal, y de tal calidad que nunca se pueden olvidar o perder. Aunque las circunstancias de la vida (falta de tiempo, actividades, entornos distintos, lejanía física…) no te den la oportunidad de expresar tangiblemente tu amor verdadero.

Si un ser querido se marchara a vivir al otro lado del globo terráqueo y ya no puedes verlo, dejarías por eso de amarlo?...pues eso mismo pasa con tantos que llevas en el corazón y no tienes posibilidad de demostrárselo, aunque viva en tu misma ciudad.

Todos tenemos nostalgias de poder frecuentar el trato con los amigos, pero sentimos que siguen vivos y presentes en nuestro corazón y oración; así se alimenta y acrecienta el don de la amistad.

No tengamos miedo a las ausencias o a olvidarlos porque el amor es más fuerte que las distancias, el tiempo y la muerte.

Ana lo entendió así, esponjó su corazón magnánimamente; todos nos sentimos queridos por ella, ahora desde allí sigue haciéndolo, nos está esperando con los brazos abiertos, para demostrarnos esta auténtica realidad de vivir gozando unos de otros en nuestra casa paterna.

Marima Silva

Galería de Imágenes - Ana María Martínez Fernández

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