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Excursión a Alba de Tormes

En primer lugar, hay que agradecer al Ayuntamiento de Alba de Tormes la deferencia que tuvo con la Asociación “Amigos de Ana de San Bartolomé”, al poner a nuestra disposición una guía para enseñarnos el Castillo y el Carmelo, y al párroco, D. Gónzalo, que acompañó a los socios en todo momento facilitándonos enormemente la organización del viaje.

La jornada comenzó visitando el Castillo donde vivieron sucesivos Duques de Alba y adonde Santa Teresa dirigió varias veces sus pasos para visitar a la Duquesa María Enríquez. A continuación transcribimos textos referentes a esas visitas de Santa Teresa  al Castillo. En una de ellas la Duquesa enseñaría a la Santa la sala donde guardaba sus joyas y ésta quedó tan impresionada que utilizó aquel recuerdo en un pasaje de su libro Castillo Interior:

Deseando estoy acertar a poner una comparación para si pudiese dar a entender algo de esto que voy diciendo, y creo no la hay que cuadre, mas digamos ésta: entráis en un aposento de un gran rey o gran señor, o creo camarín los llaman, adonde tienen infinitos géneros de vidrios y barros y muchas cosas puestas por tal orden que casi todas se ven en entrando. Una vez me llevaron a una pieza de éstas en casa de la duquesa de Alba (adonde viniendo de camino me mandó la obediencia estar por haberlos importunado esta señora), me quedé espantada en entrando, y consideraba de qué podía aprovechar aquella barahúnda de cosas, y veía que se podía alabar al Señor de ver tantas diferencias de cosas; y ahora me cae en gracia cómo me ha aprovechado para aquí; y aunque estuve allí un rato, era tanto lo que había que ver, que luego se me olvidó todo, de manera que de ninguna de aquellas piezas me quedó más memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabría decir de qué hechura eran (6 M c 4, 8).

Algunas declaraciones del Proceso de canonización de Santa Teresa también aluden a sus visitas al Castillo:

La señora Duquesa de Alba con algunas aflicciones que tenía con la ausencia del señor Duque que estaba en Flandes, y con el mucho deseo que tenía de tratar con la dicha Madre cosas del alma, procuró mucho tiempo verse con la dicha Madre en su casa […] Llegaron a Alba, que sería anochecido, y apeáronse en el palacio de la señora Duquesa; recibióla con amor increíble. Y la dicha Madre con aquel rostro apacible y palabras suaves y tan políticas, como si hiciera oficio de aquella manera de trato, y tan fervorosas, que la tuvo tan suspensa, que no había remedio de dejarla ir a su monasterio por mucho que se lo suplicaba. Y fue así que la dicha Madre se forzó e hizo compañía a la dicha Duquesa hasta que dio la medianoche, sin poder acabar con la dicha Madre que cenase ni tomase ni un solo jarro de agua, y así estuvieron sin comer bocado tampoco la señora Duquesa con haber aderezado las mesas y cenado todos los demás y este testigo con el ilustrísimo Don Sancho de Ávila, dignísimo obispo de Cartagena, que a la sazón estaba en la dicha casa como tan gran deudo.

En la villa de Alba vivía la hermana pequeña de Teresa, Juana de Ahumada y su familia. Su sobrina Beatriz recuerda en los Procesos que la acompañó a ver a la Duquesa y el apuro que le daba ver a su tía con el hábito tan remendado:

Y que vio esta testigo a la dicha Madre y la conoció con muchas enfermedades, especialmente de perlesía y vómitos, que de noche los tenía, y todo lo pasaba con grandísima paciencia, sin quejarse, aunque anduviese por caminos, en los cuales jamás dejó de ayunar, andando siempre muy humilde en sus vestidos, trayéndolos remendados y muy pobres. Y que yendo un día la dicha madre Teresa de Jesús a ver la Duquesa de Alba, estando en esta villa en la fundación de esta casa, llevaba consigo a esta testigo, que era seglar y su sobrina, la cual se afrentaba de ir con ella, por verla tan remendada, y la dicha Madre se reía mucho de ver cómo esta testigo se afrentaba de ir con ella.

Tras la visita al Castillo tuvo lugar la celebración eucarística organizada para celebrar el cumpleaños de la Beata (1 de octubre de 1549) y que, como sabéis, se dedicó a nuestra querida socia y amiga Ana María Martínez Fernández, fallecida el 7 de septiembre. Las Madres Carmelitas pusieron todo su cariño y buen hacer para que la misa fuese lo más entrañable posible. La iglesia estaba preciosamente decorada con centros de flores y maravillosos ornamentos. La familia de nuestra querida Ana, venida de Madrid y Sevilla, se conmovió en numerosas ocasiones al sentirse tan arropados y queridos. Su hermana Macarena leyó la lectura, su esposo ayudó en la misa y sus tres hijas hicieron las ofrendas del pan y el vino, el cáliz de olivo que había donado Ana para la capilla dedicada a la Beata en Ávila, y los ramitos de flores que adornan siempre la capilla “de paseo” de Ana de San Bartolomé que acompañó a Ana hasta el último momento.

El Vicario General de la Diócesis de Salamanca, D. Florentino Gutiérrez, presidió la misa en nombre del Obispo y realizó una bella y larga homilía en torno a la Beata destacando su humildad, su caridad, la fecundidad de su vida activa y cómo predicaba más con el ejemplo que con las palabras. Belén hizo las preces dedicadas especialmente a Ana, su familia y sus amigos.
La música de la celebración corrió a cargo de Sonnia que cantó a capella Veánte mis ojos durante el ofertorio y del fraile carmelita Antonio Palencia que tuvo la deferencia de acompañarnos y tocar el emblemático órgano del Carmelo, donado por la infanta Isabel Clara Eugenia. En la entrada interpretó La marcha solemne de Mendelssohn (obra dedicada por el compositor a su hermana Fanny con motivo de sus esponsales), durante las ofrendas Andante tranquilo también de Mendelssohn, durante la comunión una bella pieza  titulada Querido Jesús aquí estamos, del Libro del organista de Juan Sebastián Bach, obra que la gran organista española Montserrat Torrens ha pedido sea tocada en su funeral. Cerró sus interpretaciones tocando durante la salida un Preludio en la menor también de Bach.

Como broche de la celebración y de forma excepcional, las monjas tocaron las nueve campanadas que dio el reloj al tiempo que moría Santa Teresa. A continuación Belén Yuste leyó un texto dedicado a nuestra querida amiga Ana enlazando su vida, su enfermedad y su muerte con el almendro florecido que Isabel Guerra plasmó en su cuadro Y el almendro floreció (muerte de Santa Teresa en brazos de la Beata Ana de San Bartolomé), y Sonnia L. Rivas-Caballero le dedicó un emotivo Vivo sin vivir en mí cantado ante el sepulcro de la Santa. Tras la bendición sonaron los majestuosos acordes del antiguo órgano y se inició la ofrenda floral a Ana de San Bartolomé, finalizando la entrañable celebración con la veneración de la reliquia de la Beata.

A continuación se visitó el museo de las Madres Carmelitas que contiene numerosos objetos de Santa Teresa, San Juan de la Cruz y la Beata Ana de San Bartolomé.

La comida fraterna tuvo lugar en el restaurante La Alameda, destacando entre los platos el exquisito tostón asado. Tras este descanso se visitó el museo arqueológico creado por el padre Ignacio Belda y ubicado en el antiguo monasterio de monjas jerónimas que patrocinaron los Duques de Alba y adonde se retiró la duquesa María Enríquez -a quien visitaba Santa Teresa-, tras la muerte de su marido, el gran Duque de Alba. Los padres reparadores que regentan el museo colaboraron con la Asociación donando la entrada y acompañándonos en la visita, al inicio de la cual proyectaron un interesante audiovisual.

Finalizó la excursión y regresamos a Madrid tras vivir un día inolvidable.

En recuerdo de Ana María Martínez Fernández (1956-2009)

© Asociación Amigos de Ana de San Bartolomé